Frida Kahlo y el cine (parte 2 de 3)

ACCIDENTES Y ENFERMEDADES

La vida de esta genial pintora, lo mismo que su obra, se vio terriblemente influenciada por una serie de catastróficos accidentes que la obligaron, como si de una función terapéutica se tratara, a refugiarse en el arte, en su pintura, para poder salir adelante y expresar de una manera viva, desgarrada, llena de colorido, sangre y dolor, todo lo que habitaba en su mundo interior.

Ya a la edad de 6 años Frida enfermó de poliomelitis, quedando su pierna derecha más delgada de lo normal; en toda esta enfermedad, su padre, Guillermo Kahlo, influiría de manera decisiva en lo que sería su recuperación tanto física como psicológica. La enfermedad, por lo que despectivamente la comenzaron a llamar en su barrio “Frida la coja”, produciría en ella una secuela que seguiría en su interior hasta el final de sus días, de ahí que ella intentara ocultar su enfermedad usando, primero, durante su niñez, gran cantidad de calcetas, para luego ser sustituidas por pantalones de atuendo masculino y más tarde largas faldas mexicanas.

El 17 de septiembre de 1925, llegaría sin duda uno de los momentos que marcarían profundamente la obra de Frida, que sería el centro de muchas de sus obsesiones; cuando iba de camino de su escuela a casa en compañía de su entonces enamorado y futuro ilustre intelectual de México, Alejandro Gómez Arias, poco después de haber subido al autobús, sufren un terrible accidente en el cual ella resulta gravemente herida, dudando los médicos incluso que fuera a sobrevivir. En el pequeño esbozo a lápiz Accidente, la artista plasmó, un año después, el suceso que tan decisivamente cambió su vida.

Aunque Kahlo no haya plasmado el accidente en pintura, el tiempo la llevó, ya como pintora madura, a trazar su estado de ánimo, puntualizar su descubrimiento, en términos de lo que hicieron a su cuerpo: su rostro siempre aparece como una máscara y su cuerpo frecuentemente se encuentra desnudo y herido, al igual que sus sentimientos. En sus cuadros aparecen sin velo alguno la sangre, los corazones anatómicos, los órganos, fetos, aparatos ortopédicos como los que ella llevaba y numerosas ocasiones el dolor es el tema central de su pintura, tiene una presencia eterna, aquel mismo dolor que no la deja dormir, que le arranca lágrimas, que le impide tener hijos, que la desgarra por dentro y que la arrincona atrás del lienzo, el único lugar donde ella está segura, la mejor forma que encuentra ella de quejarse en silencio, de decir que llora sin decirlo, la única forma a veces de viajar. Frida tiene un pincel anatómico, como una navaja, como un bisturí que le abre las heridas para mostrarlas en sus cuadros. No hay que olvidar que Frida, sino fuera por el accidente que la confinó a los corsés, a los largos reposos y a la cama, talvez hubiera terminado en el campo de la medicina, como era su idea en un principio.

Son muchos las representaciones que hace Frida de sus dolores, de su violencia interior, de su sufrimiento. Entre ellas destacan La columna rota (1944), donde ella aparece desnuda casi por completo, una columna estilo jónica con diversas fracturas simboliza su propia columna vertebral herida. La rasgadura de su cuerpo, los clavos enterrados en su piel y una alegoría en el paisaje de lo que pasa en su alma, resquebrajada y solitaria, nos muestran su dolor y sacrificio. Otros ejemplos de alegorías de dolor, de la enfermedad y de soledad encontramos asimismo en Árbol de la esperanza mantente firme (1946), en Henry Ford Hospital (1932), Recuerdo (1937) y, ya sin ella propiamente como protagonista, en Unos cuantos piquetitos (1935), manchando de sangre hasta el mismo marco de madera que sujeta la obra. En Nacimiento (1932), además, parece mostrar su trauma ante los 3 abortos que tuvo durante su vida a raíz de complicaciones con su sistema sexual ocasionados por el accidente.

De esta forma, a pesar de vivir una vida complicada, llena de sufrimiento y manchada de sangre, Frida logra revertir su dolor en la pintura e, incapacitada para tener hijos, la pintura lo llega a sustituir todo en su vida.

DIEGO

Diego Rivera fue sin duda uno de los motivos que marcaría en gran medida la obra de Frida, Diego tenía 41 años y era el más famoso artista de México además de tener la peor reputación. Pintaba con tal soltura y velocidad que a veces parecía estar impulsado por una fuerza telúrica. “No soy solamente un artista”, afirmaba, “sino un hombre que desempeña su función biológica de producir pinturas, del mismo modo como un árbol produce flores y frutas”.

Frida trazaba un mundo cuyo origen remitía a su concepción y nacimiento, sus predecesores no eran artistas, si no su propia familia y cultura.

Según Rivera, era la primera vez en la historia del arte que una mujer expresaba “con franqueza absoluta, descarnada y podríamos decir, tranquilamente feroz, aquellos hechos generales y particulares que conciernen exclusivamente a la mujer”. Su sinceridad la llevó a hablar de ciertos hechos y hacer un testimonio indiscutible y verídico, pues la artista plasmó su propio nacimiento, su amamantamiento, su crecimiento en la familia, sus impresiones al viajar, sus amigos, su casamiento, su familia y claro, su terrible sufrimiento de todo orden.

En su depuración de los elementos pictóricos seleccionados, Frida clasifica el mundo a su manera, y lo divide en dos espacios físicos y psicológicos, unificados bajo la función armonizadora de su visión.

Su cuadro El abrazo de amor de El universo, la tierra (México), Yo, Diego y el señor Xólotl (1949) es un ejemplo de esa visión integral del cosmos, constituido por pares opuestos y complementarios, la tierra y el agua, la esterilidad y la fertilidad, el día y la noche, lo masculino y lo femenino… Kahlo y Rivera.

Cada vez, de forma más intencionada, los cuadros de Frida hacen patente la escisión que operó no sólo sobre los espacios mentales de su biografía y los físicos de su cuerpo, sino también sobre los ciclos naturales del día y de la noche y a sus astros correspondientes. A esta repartición del universo le añadió su particular visión de los modos de interpretación de la naturaleza: el masculino, racional y estéril, capaz sólo de ver un cuerpo que está muriendo, y el femenino, esperanzado y creador, idealista, integrador del deseo del sujeto junto con la materia básica de la realidad.

Este procedimiento connotativo sexual del universo material recuerda la forma en la que la escritora Virginia Wolf (contemporánea de Kahlo, perteneciente a un ambiente estético muy distinto) construye la psicología de los personajes masculino y femenino.

Frida, mujer apasionada, desbordante, entregada, protectora. Diego, infiel, cariñoso, talentoso, revolucionario. Ambos tenían un diablo adentro, y tal pareja era de causar revuelo. Sin duda este matrimonio no fue nada convencional en ninguno de los aspectos, pero se puede afirmar sin lugar a dudas que artísticamente ambos se nutrieron el uno del otro, lo que los ha convertido en la pareja más importante del arte en México.

FRIDA FUERA DE MÉXICO

El deseo de Frida había sido, desde muy pequeña, viajar a diferentes partes del mundo, sobre todo a Alemania y a Europa, de donde provenía su padre, sin embargo, a causa de sus múltiples malestares y de estar confinada a la cama, muchos de estos viajes no los pudo realizar. Sin embargo, durante algunos años, cuando la fama de Diego Rivera tomó dimensiones internacionales y éste fue contratado en diferentes ciudades de Estados Unidos para pintar una serie de murales, Frida le acompañó y por primera vez salió de México.

En algunos de sus cuadros retrata impresiones y sentimientos que le provocaron estos viajes, especialmente en los Estados Unidos, describiendo la relación y sobre todo, similitudes entre su país y el frío vecino del Norte, que, aunque disfrutaba pasear por las calles de Nueva Cork y San Francisco, consideraba que era un sociedad hipócrita,  con alma industrializada y fría, muerta, donde sólo en las máquinas se sentía la vida, donde el color predominante era el gris de las tuberías, de los edificios y el humo y donde, como si se tratara del famoso libro de Aldous Huxley, “Un mundo feliz”, todo estaba dominado por Ford, los Rockefeller y demás magnates de la industria.

Estas impresiones las llevó al lienzo en cuadros como Autorretrato en la frontera entre México y los Estados Unidos (1932), Allá cuelga mi vestido (1933), donde parece proponer que sólo su apariencia está ahí, en aquella lejana y apática tierra, pero que su alma y su esencia se escapan siempre que pueden a México), y de nuevo Henry Ford Hospital (1932) donde se percibe en un paisaje plano en el cual al horizonte están las siluetas de los edificios, un sentimiento general de soledad y pequeñez.

Lo importante a recalcar, sobre todo en el cuadro Autorretrato en la frontera entre México y Estados Unidos es la reflexión que se hace acerca de la frontera, esa línea imaginaria que divide dos países, dos pueblos con idiomas distintos, con culturas  y valores distintos, que a veces no tienen nada que ver entre sí y sin embargo comparten algo: una frontera. El tema de las fronteras sigue tan vigente hoy como ayer, y lo será así siempre que las haya, reales o imaginarias. Muchos artistas, sobre todo más recientemente, en la música, en la pintura, en el cine, han querido hacer un breve espacio y recapacitar en este tema de carácter internacional, global, un tema cada vez más sensible.

Frida pinta la diferencia entre México y Estados Unidos siguiendo su tradición de dividir el área del cuadro en dos polos opuestos, contrastantes, como el sol y la luna. Las raíces del maíz y los cables de las máquinas son lo que brinda la energía a cada pueblo, uno con sus majestuosas pirámides que dan fe de su acervo cultural y tradiciones y otro que muestra sus impresionantes y gigantes edificios, símbolo del progreso industrial. Un tema que todavía dará mucho de qué hablar, mucho qué retratar, pintar, decir y filmar.

Éste es un extracto de un ensayo que escribí hace algunos años para mi clase de Estética General Comparada, junto a Rodrigo Álvarez y María Dolores Arribas.

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Frida Kahlo y el cine (parte 1 de 3)

INTRODUCCIÓN

A casi 100 años del nacimiento de la más reconocida pintora mexicana, su popularidad ha ido creciendo gracias al interés de los estudios por llevar su peculiar y trágica historia a la pantalla grande, además de la adquisición de sus obras por distintas galerías internacionales y por famosos como Madonna y Robert de Niro (del cual se ha dicho tiene raíces mexicanas).

Frida fue una mujer desbordante, apasionada, entregada a sus pasiones, todo esto lo cual lo encontramos en su obra, que posee un notable y claro tinte autobiográfica: su obra es su vida y su vida es su obra.

A continuación profundizaremos un puntos importantes para entender la simbología personal de Frida, muy entroncada con la simbología religiosa mexicana y demás arte precolombino, trataremos sus temas más importantes, sus obsesiones y, por supuesto, muchos aspectos de su biografía. Estudiaremos los que creemos son los puntos más significativos de su obra y nos adentraremos en la psicología de una mujer que tuvo que afrontarse a su propia imagen, aceptarse tal como era y como estaba para luego plasmarse a sí misma en su obra.

Sus cuadros, siempre de una simplicidad sorprendente pero a la vez desgarradora y lejana, siguen llamando nuestra atención por su imperturbable sinceridad.

MEXICANISMO

México es un país lleno de mística; mito y leyenda conforman día a día la ideología del mexicano, algunas de sus creencias han sobrevivido la época colonial y se han transmutado en refranes y cultura popular. Frida Kahlo encontró en el acervo cultural de su país la fuente de inspiración de gran parte de su obra; la religiosidad, el culto al pasado, la crueldad, la sangre, el mestizaje, las fronteras, la alegoría, el dolor y otros conceptos muy relacionados con la cultura mexicana están presentes en los pincelazos que nos ha dejado Frida en el recorrido y transcurrir de su obra artística.

A raíz de la Revolución Mexicana (1910-1921), en México se empezó a cultivar, a través de sus intelectuales y artistas, un sentimiento de nacionalismo, llamado entonces Mexicanismo y fomentado además por el gobierno actual con la intención de celebrar los 100 años de la Independencia. El Mexicanismo consistía en tomar elementos propios de la cultura mexicana e involucrarlos en el arte para que éstos formaran parte de él. Es así que no resulta tarea difícil encontrar en las artes plásticas mexicanas de la época testimonios de mitología y simbología azteca e indígena. Frida nació en 1907, pero decía haber nacido “con el nuevo México”, “con la Revolución”, y mentía diciendo que había nacido en 1910. Este sentimiento revolucionario, nacionalista, marxista, trotskista o stalinista pero en todo caso activista, marcó la vida y obra de muralistas y pintores del momento como el mismo Diego Rivero, David Alfaro Siqueiros (que atentó contra la vida de León Trotski), Dr. Atl, Rufino Tamayo, José María Velasco y demás. Los muralistas tenían el apoyo del gobierno de Lázaro Cárdenas, especialmente por vía de un excelente Secretario de Educación José Vasconcelos, para realizar y perfeccionar su arte, buscando de esta manera acercar el arte al pueblo y a los obreros, como en la revolución rusa y el mismo movimiento liderado por Eisenstein (que en su momento visitó México y fue recibido, hospedado y guiado por Diego Rivera y Frida Kahlo). La influencia izquierdista y revolucionaria se hace palpar en cuadros como Autorretrato con Stalin (1954) y El marxismo dará salud a los enfermos (1954), pero también en gran parte de los murales de Diego Rivera, en uno de los cuales (Balada de la Revolución) aparece Frida como miembro del Partido Comunista de México (PCM).

En la obra de Kahlo es frecuente encontrar referencias directas a muchos aspectos de la cultura popular mexicana, entre ellas a los exvotos, a través de sus múltiples dedicatorias, de complementos explicativos dentro de la misma obra, que pretenden poner en contexto, por otra parte está la frontalidad con que el espectador se encuentra al ver al retratado, del punto de vista, aunado a una falta de perspectiva. Frida pinta obsequios de agradecimiento, le hace honor a sus cercanos y a la vez utiliza el lienzo para inmortalizar su vida diaria, repleta de dolores, accidentes, achaques y momentos solitarios y difíciles. Esto se puede ver claramente en obras como Autorretrato con el pelo suelto (1947), Frieda y Diego Rivera (1931) o El suicidio de Dorothy Hale (1938-39).

Los exvotos que uno se puede encontrar al entrar en una típica iglesia católica en México, siempre en los pies de un santo o de la Virgen, o en una pared donde éstos abundan, también contienen por regla general una explicación del milagro que el interventor en cuestión ha realizado, los dibujos realizados por gente común y corriente son técnicamente muy pobres y de una sencillez absoluta, mostrando la imagen o, mejor dicho, la escena del milagro. Estos exvotos son realizados con una gama de colores muy viva y humilde, casi primaria; en la obra de Frida nos encontramos también en ocasiones una gama sencilla de colores, en los atuendos que ella utiliza y con los que se retrata a sí misma, entre otras cosas. La tradición de los exvotos se remonta a España; en México se reinterpretan muchos aspectos de la religión católica y Frida comienza a tratar su mestizaje también en sus obras y asumir así las diferentes partes que la conforman, las diferentes nacionalidades con las que ha nacido. En obras como Mis abuelos, mis padres y yo (1936) y Retrato de la Familia de Frida (hacia 1950-54, que no logró terminar) la pintora retrata sus lazos familiares que la relacionan con México, con España, con Hungría y Alemania.

Mucho se ha dicho también acerca del culto de los mexicanos a la muerte, siendo la Fiesta del Día de los Muertos, cada 2 de Noviembre, la mayor expresión de este sentimiento nacional, que en épocas pasadas tenía aún más fuerza que en el presente. Si bien es cierto que las calaveras y los esqueletos ya habían aparecido en numerosas vánitas como las de Valdés Leal, en obras de Baldung Grien, Van Gogh, Hércules Segers, Paul Nash y muchos otros tantos más, en la obra de Frida Kahlo comienzan por aparecer para hacerse casi omnipresentes, tomando de la mano a la artista, apareciendo en sus pensamientos, como una presencia indiscutible, que no se busca ahuyenta, un personaje al que se le da la bienvenida, que está ahí, pues así es en la vida: la muerte siempre está presente, y le acogemos como un proceso natural de la vida o, volviendo a esa misma mitología indígena, como parte de un proceso cíclico o como transición hacia un mundo mejor.

Todo esto nos acerca a una ideología muy espiritual, cargada de elementos fantásticos que pueden resultar surrealistas a los ojos ajenos a una cultura de este tipo. Las procesiones hacia las tumbas de los familiares difuntos, las calaveras de azúcar, dejar un lugar vacío en la mesa a la hora de la comida, con plato servido, el altar con la comida favorita del difunto, las “calaveras” (poesías breves que se redactan para la ocasión, relatando una supuestamente para amigos, familiares, dirigentes públicos y celebridades), entre otras cosas, forman parte del folklore mexicano cada Día de Muertos, así como alguna vez lo fueron las representaciones de calaveras de José Guadalupe Posada. Por otro lado, y aunado por una parte a la idea de la muerte y por el otro a la del mestizaje, se encuentran los Judas (muñecos gigantes en forma de calavera que son quemados el Sábado de Gloria de la Semana Santa en algunas partes de México) que provienen de las “fallas” y la celebración de San José en Valencia.

Las referencias a la muerte y al personaje de la calavera y los Judas en la pintura de Frida se localizan, con significantes similares, en pinturas como El sueño (1940), Pensando en la muerte (1943), Moisés (1945) y Lo que vi en el agua (1938), Los Cuatro Habitantes de México (1938), Sin esperanza (1945, donde aparece ella tumbada en una cama de hospital y siendo alimentada por una amalgama de alimentos donde encontramos una calavera de azúcar), entre otros.

Diego Rivera, esposo de Frida, llegó a tener, al final de su vida, un total de 55,481 piezas de arte precolombino. Animales mitológicos o relacionados con dioses, figuras zoomorfas y antropomorfas, plantas, objetos y talismanes propios de la filosofía mística de los indios son incluidos por Kahlo en obras como Autorretrato con mono (1940), Perro Itzcuintli conmigo (1938), Yo y mis pericos (1941), haciéndose aparecer con papagayos procedentes del mundo pictórico hindú, como símbolos eróticos, Diego y Frida (1944) y Moisés (1945) donde aparecen en ambos una caracola y una concha, simbolizando la sexualidad y la relación amorosa, así como en El abrazo de amor de El universo, la tierra (México), Yo, Diego y el Xólotl (1949), donde aparece un perro Itzcuintli, representación de la figura mitológica con forma de perro Xólotl, el guardián del mundo de los muertos.

Estas y otras leyendas se encuentran expresas, a mayor o menos medida, en otras obras de la artista, como sea la de la alusión de la representación azteca de la diosa Tlazolteoltl dando a luz a un niño en su cuadro Mi Nacimiento (1932) o, aún más presente, la de los dioses Huitzilopochtli, el sol, y sus hermanos y hermanas, la luna y las estrellas, los cuales libraban una mortal batalla todos los días haciendo posible la sucesión del día y la noche. Este mito mexica se encuentra muy identificado con las pirámides, con México, y con la dualidad inherente del mundo en que vivimos. Frida utiliza esta simbología en obras como Árbol de la esperanza mantente firme (1946), Sin esperanza (1945), El abrazo de amor de El universo, la tierra (México), Yo, Diego y el Xólotl (1949), Autorretrato en la frontera entre México y los Estados Unidos (1932) y Naturaleza Viva (1952). En este mismo planteamiento podría caber señalar también Recuerdo (1937), donde si bien no aparecen los astros, la mitad del cuadro está dividida por dos atmósferas y por mar y tierra.

Por otra parte, la primera etapa de Frida Kahlo como pintora, su etapa como aprendiz y principiante, dista mucho del resto de su obra. Técnicamente muy pura, de trazos finos, a diferencia de sus obras finales en los que los medicamentos y drogas no le permitían tener un buen control motriz de sus extremidades, las primeras obras de Frida parecen acercarse más a la estética europea, estilizada, aristocrática, renacentista y clásica. Autorretrato con traje de terciopelo (1926), su primera obra profesional, recuerda aspectos de artistas como Parmigianino y de Amedeo Modigliani. Presenta a una Frida hermosa, elegante, estilizada, de buen porte, facciones delicadas, un cuello largo, amanerado, bello, unos labios carnosos y bellos. Cuesta creer que sea la misma persona que es retratada en sus siguientes autorretratos, donde se muestra a sí misma menos bella, menos elegante, talvez más primitiva, con sus cejas en forma de pájaro, portando su bigote con orgullo, como aquellas mujeres del Siglo XIX en la burguesía mexicana que pretendían mostrar sus orígenes españoles (pues el indio era imberbe).

A raíz de su adhesión al mexicanismo, Frida y su pintura sufrieron un cambio sustancial, como la vuelta hacia un primitivismo, Frida volteó su mirada hacia ningún otro lugar que a su propia cultura, nutriéndose e inspirándose en ella, dejando a segundo término sus influencias internacionales. Se sumergió en su cultura, la cual tanto ella como su esposo conocieron, retrataron y amaron. Frida se dejaba el bigote para complacer a Diego, por el mismo motivo usaba faldas de tehuana, collares típicos de jade y demás ornamentos para convertirse en la más mexicana de las mexicanas, consiguiendo establecer una moda. Pero resulta de peculiar interés estudiar los por qué de un posible cambio de auto-imagen de la pintora, poco se ha dicho al respecto y sin embargo sí se ha hablado, por otra parte, del feísmo en la pintura de Diego Rivera, talvez unido o, más probablemente, en crítica al malinchismo (término que proviene del personaje de La Malinche, india mexicana que se dice “prefirió” casarse con un conquistador español, develándole a éste los secretos para derrotar a su pueblo).

Muchas son las posibilidades de este drástico cambio en la imagen de Frida, ya sea subrayar (talvez hasta inconcientemente) la manera en que el pueblo mexicana se auto-discrimina, creyéndose feo, inferior, esclavo; pero bien podría ser también que a raíz del dramático accidente que Frida sufrió por esos años, su autoestima decayera, retratándose menos atractiva como una forma de rechazo hacia sí misma.

Éste es un extracto de un ensayo que escribí hace algunos años para mi clase de Estética General Comparada, junto a Rodrigo Álvarez y María Dolores Arribas.

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244. The American

The American. 2010

Anton Corbijn

Mucho estilo, poco contenido


El holandés Anton Corbijn es reconocido y adulado principalmente por su trabajo como director de videos musicales, entre los que se encuentran algunos cuantos de Depeche Mode, “One”, de U2, “Heart-Shaped Box”, de Nirvana, “Hero of the Day”, de Metallica, así como la primera versión de “My Friends”, de Red Hot Chili Peppers, y me parece que “The American” es su primer largometraje de ficción.

Si bien “The American” tiene un estilo europeo que la hace interesante, también esto en ocasiones parece una repetición o hasta copia de algunos trabajos de Jim Jarmusch (dígase “Limits of Control”), Stephen Frears (“The Hit”, por ejemplo) o Steven Soderbergh (“The Limey”). El resultado es un poco gris y carente de originalidad. Y no sé a ustedes, pero tras el año pasado yo quedé asqueado de ver a George Clooney, que estuvo en no sé cuántas películas, pero algo similar me pasó cuando Nicole Kidman, hace unos años, era el pan de todos los días.

“The American” es un poco la típica historia de un criminal que se quiere retirar pero acepta un último trabajo. Ya todos sabemos que no se va a salir con la suya. Ahora, el personaje recluido y aislado de Clooney, el cual éste interpreta decentemente, es casi lo suficientemente interesante (aunque asimismo predecible) como para mantener cierto interés por la trama, que también se apoya en una buena fotografía, locaciones remotas y por demás atractivas, así como un ritmo peculiar, pero que hoy por hoy se ha vuelto regla para cierto tipo de películas que intentan hacer thrillers de una manera un poco más “artística”.

Sé que virtualmente he destrozado esta película con mi crítica, pero la verdad es que talvez cayó en mal momento, en medio de filmes que me han cautivado muchísimo. De todas maneras, estoy seguro que los fans de este director estarían esperando más.

6 de 10.

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243. Machete

Machete. 2010

Ethan Maniquis, Robert Rodriguez

Cambiando la guitarra por el machete


Ya todos o casi todos sabrán que “Machete” es una película que nació de un trailer falso incluido en la película “Grindhouse”, una doble presentación por parte de los secuaces Tarantino y Rodriguez, ambos muy enfocados en glorificar el cine serie B.

Sin otras pretensiones que las de divertir, entretener y reírse de su propia cultura, Rodriguez nos presenta su más reciente flick que co-dirige con su editor de toda la vida, Ethan Maniquis, con una trama sencilla y hasta cierto punto repetida que sirve de parodia en parte hacia los cientos de filmes de acción que se toman muy en serio sus guiones vacíos, pero también hacia sus mismas creaciones, dígase la saga Mariachi. El director nacido en Texas sabe perfectamente a lo que le está tirando y conoce muy bien su juego. En realidad, el personaje de su sonada ópera prima no dista mucho del que hoy presenta en la emblemática figura de Danny Trejo, al cual por fin se le cumple el sueño de protagonizar un filme interpretando a este recurrente personaje, que al parecer también ha salido en la saga “Spy Kids”. La verdad no pienso corroborarlo por mi cuenta.

Me imagino que Rodriguez ha de ser un personaje muy carismático, y que poco ha cambiado en su forma de ser, de rodar y de soñar desde que comenzó su carrera. De esta manera, me imagino, consigue tener nuevamente un reparto de súper lujo. Yo creo que los demás actores le siguen el juego y simplemente se divierten con sus ocurrencias, burlándose de su misma profesión, sobreactuando, caricaturizando y demás. Es así que “Machete” podemos ver a Robert De Niro, Jessica Alba, un rescatado pero graciosísimo Steven Seagal en su primer papel de villano, una Michelle Rodriguez que se ve mejor que nunca, una Lindsay Lohan en un rol que le queda muy bien, Cheech Marin y, por supuesto, Danny Trejo. Se sabe que Chris Cooper rechazó un papel que le ofrecían por considerar el guión “lo más absurdo que he leído”. Todo está en saber ver el juego, pero esta habilidad del director es algo realmente destacable, sea cual sea su método de reclutamiento.

La verdad es que el filme tiene muy buenos gags, algunas buenas escenas de acción, y cumple perfectamente su objetivo de divertir mofándose de las películas del género.

8 de 10.

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242. Scott Pilgrim vs. the World

Scott Pilgrim vs. the World. 2010

Edgar Wright

Napoleon Dynamite + The Strokes + videojuegos arcade


Después de ver esta película lo primero que se viene a la mente es: “¡Qué cool!” Tenía mis dudas acerca de esta película, sobre todo porque es protagonizada por Michael Cera, y ese chico ya está muy encasillado en cierto tipo de personajes. Si bien aquí no sale demasiado de ese arquetipo que se le ha impuesto papel tras papel, la película tiene tantos elementos buena onda que es muy difícil que a alguien de menos de 30 años no le guste, sobre todo si para los amantes del rock alternativo o Indie y los videojuegos arcade. La película está basada en una novela gráfica de reciente creación con referencias a grupos de rock alternativo como The Smashing Pumpkins o a videojuegos como Ninja Gaiden.

Plagada de efectos de impecable factura que emulan el mundo de  este tipo de videojuegos vintage, una muy buena selección musical que incluye a The Rolling Stones, Broken Social Scene, Metric, Nigel Godrich (productor de Radiohead) y Beck, quien también compuso la genial música que interpreta la banda Sex Bob-omb en la película y una edición de audio realmente espectacular que toma samples prestados de diferentes juegos de Nintendo (incluso el director le escribió a la compañía de videojuegos solicitándoles el permiso para utilizar los efectos de sonido de juegos como The Legend of Zelda), la película es un verdadero regalo, una pequeña joya para cierto tipo de público que oscila entre geeks, gamers, rockeros y todos aquellos que se desquitan con la música moderna, con las típicas actitudes juveniles y demostraciones de indiferencia.

La película trata sobre un tímido bajista de un grupo de rock que se enamora de una chica que tiene una buena cantidad de ex-novios/as molestos, a los que tendrá que vencer uno por uno en una serie de enfrentamientos tipo Street Fighter o similar si es que al final quiere quedarse con la chica.

El reparto es genial, y no podría haber otro actor mejor para el rol de Scott Pilgrim que Michael Cera, salvo, quizá, por el tipo que interpretó hace unos años a Napoleon Dynamite. Además, se agradecen mucho las presencias de Kieran Culkin, Alison Pill, Mary Elizabeth Winstead (looking really hot!) y, por supuesto, Jason Schwartzman y Chris Evans.

“Scott Pilgrim vs. the World” es sumamente actual, visualmente impresionante y auditivamente poderosa. En resumen, tiene mucha energía. Indispensable verla con buenos decibeles y buena calidad de imagen. Para recordar aquello que nos hace adolescentes.

8 de 10, and stuff… ¡Ojalá haya una secuela!

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241. The Fall

The Fall. 2006

Tarsem Singh

“Baraka” con elementos de ficción


Todo pintaba para un 10 de 10. Un comienzo espectacular con tomas en blanco y negro a cámara lenta, una fotografía impecable y repleta de arte, rodada en 18 diferentes países (algunos dicen que fueron 24) con locaciones impresionantes, un diseño de producción cuidado hasta el último detalle y, por último, presentada por Spike Jonze y David Fincher.

El hindú Tarsem Singh, quien había realizado previamente “The Cell” y que se ha hecho una fama dirigiendo videos musicales como “Losing My Religion”, de REM, y comerciales para Levi’s, Nike, MTV, NFL, Vodafone, Absolut, Mountain Dew, MasterCard, Coca-Cola, Gatorade, Pepsi, Audi y un largo etcétera de marcas poderosas, financió su película él mismo, aprovechando los viajes que tenía qué hacer para filmar spots en distintas partes del mundo y escogiendo sus proyectos según los que lo dejaran lo más cerca de la locación en la que quería filmar.

Contando con puros actores poco o nada conocidos, además de una niña rumana de 6 años que no sabía siquiera hablar inglés y tenía qué aprenderse sus líneas fonéticamente, Singh entrega una película conmovedora y visualmente perfecta, llena de arte y belleza sólo equiparables con la que uno encuentra en el documental “Baraka” (1992), con la que además comparte una ambiciosa labor de producción y un par de escenas muy parecidas. Para desgracia de todos, tanto los que participaron haciendo esta película como los que la vemos, en algún momento la trama se pierde y se diluye entre analogías del dolor y la autodestrucción del personaje principal, haciendo algunos trámites rumbo al clímax y desenlace un tanto tediosos…

La cinta está ambientada en un hospital en las afueras de Los Ángeles en los años 20’s. Allí, un doble de acrobacias se encuentra en cama producto de una escena que salió mal. Rotos sus huesos y roto su corazón por haber perdido a la mujer a la que amaba, encuentra en una inocente e imaginativa niña su aliada para buscar acabar con su miserable vida. A cambio de relatos fantásticos, la niña deberá conseguirle las drogas que necesita para acabar con su dolor…

Pues ya lo ven, hacer comerciales sí deja dinero, y mucho. Lástima que teniéndolo todo tan cerca para realizar una película perfecta, algo falló. Tampoco puedo evitar pensar que esta película tiene ciertos elementos parecidos a mi corto “El Problema”. Talvez debería demandar a Tarsem, jeje.

8 de 10 por esos 20 minutos que le sobran.

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240. Catfish

Catfish. 2010

Henry Joost, Ariel Schulman

Si todavía no ves esta película, no sé qué estás haciendo con tu vida


No sé ni por dónde empezar a hablarles de este documental. Mi experiencia al verlo fue equiparable a haberme subido a una montaña rusa. Literalmente me dejó boquiabierto unas 4 ó 5 veces, principalmente en el último cuarto del filme. WOW.

“Catfish” presenta a Nev Schulman, un fotógrafo neoyorquino que se hace amigo de Abby, una niña en Michigan que tiene un aparente don para la pintura y se encarga de convertir en óleos y acuarelas las fotografías que Nev le manda. Así comienza una amistad que poco a poco también toca a la madre de Abby, Angela, y a Megan, su media-hermana, con la cual Nev comienza una relación a distancia que en un principio suena muy emocionante y bonita. El filme entonces comienza como algo muy pequeño, una documentación sin pretensiones del progreso de una amistad y de un noviazgo. Conforme a las mentiras que muchos imaginarían llegar con cualquier relación de este tipo llegan los enigmas y cuando el telón finalmente se cae aparecen las verdaderas SORPRESAS, mismas que, por supuesto, no pienso develar, o les arruinaría enteramente la película a quien aún no la ha visto.

Como es de esperarse, mucha gente cuestiona la veracidad de los hechos presentados y con ello la increíble suerte de los cineastas para dar con una historia tan peculiar y, sobre todo, con un personaje tan pero tan jodido y a la vez conmovedor, supongo también que muchos estarán a la defensiva luego de ver casos como el de “I’m Still Here”. Se vale dudar.

Muy pocas veces en la historia del cine, una película o un documental trasciende tan íntima y personalmente a los involucrados en él. El hecho de ponerse a pie de cañón como materia prima en una especie de “EDtv” o “The Truman Show” real y exponerse a presentarse como sujeto en una confusa y potencialmente arriesgada investigación es ya motivo de respeto por parte de cualquier espectador. Sean cuales sean las posibles razones verdaderas para hacer este documental, o si realmente fue algo espontáneo que se convirtió en un profundo estudio de personalidad de una persona solitaria y con un caso de múltiple personalidad virtual, el resultado es magnífico. Por supuesto que sí importa si el material es verídico o no, y a pesar de todas las cosas que se argumentan en la web yo creo que al menos un 90% del metraje es presentando tal y como sucedió, así que no hay qué tratarle de restar valor a las cosas, sin duda la suerte es una gran aliada de los documentalistas, de todos sin excepción.

Puntos extra por la forma tan actual de presentar las tomas, apoyados con elementos virtuales como Google Maps, Facebook, YouTube y aparatos celulares, recursos que encajan perfectamente en la historia.

“Catfish” me dejó perplejo, conmovido y satisfecho, todo en grandes cantidades. Un completo y redondo 10 de 10.

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239. Winter’s Bone

Winter’s Bone. 2010

Debra Granik

Magníficas actuaciones y reparto


Creo que las dos cosas más importantes que uno como director tiene qué tener a su disposición antes de comenzar a filmar cualquier cosa de ficción son un buen guión y buenos actores. La fotografía, el diseño de producción y otras cosas adicionales pueden ser simplificadas, reemplazadas, intencionalmente saboteadas o simplemente mal realizadas, pero si los dos elementos antes mencionados tienen la fuerza suficiente, la película terminará por triunfar. Con esto no quiero decir que en “Winter’s Bone” fallen los aspectos técnicos, pero la película parte de una base muy sólida con una cautivadora trama y unas actuaciones soberbias. Alguien hizo un magnífico trabajo de casting y selección de reparto.

Con su segundo largometraje, la norteamericana Debra Granik nos trae una interesante historia acerca de una joven de 17 años que tiene que trabajar para sostener a su familia mientras busca a su prófugo padre, quien tiene que presentarse en una audiencia en la corte, porque de otra manera perderán la casa en la que viven. El filme, basado en la novela homónima de Daniel Woodrell, está ambientado en un pequeño poblado de los Estados Unidos, una especie de Twin Peaks versión white-trash y plagado de laboratorios de metanfetaminas.

Con las recientes nominaciones a los Óscar, la película recibió nominaciones por Mejor Película, Mejor Guión Adaptado, Mejor Actriz Principal y Mejor Actor de Reparto, todas ellas muy merecidas, principalmente para Jennifer Lawrence. Los críticos no han hecho más que adular el filme, yo me enteré de su existencia porque alguien me lo recomendó en Twitter y no tenía expectativas acerca de él, así que me llevé una grata sorpresa, pero ni siquiera cercana a la que me llevé con ver “Catfish” un poco más tarde…

8 de 10.

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238. 2033

2033. 2009

Francisco Laresgoiti

Todavía mucho qué aprenderle a los americanos

Siempre he respetado y admirado la audacia y el atrevimiento de los pioneros, aquella gente que se parte el alma con el objetivo de explorar algo nuevo, traer algo distinto en las artes. Desgraciadamente, en algunos de esos “locos” proyectos, como el de revivir el género de la ciencia ficción en México a través de esta cinta, lo más loable y rescatable termina siendo la intención… Ya son varios los audaces mexicanos que se han aventurado en los últimos años, en menor o mayor escala, a explorar vertientes distintas en el cine de este país fuera del drama social o las comedias pícaras a las que estuvimos acostumbrados. Hoy por hoy nuestro cine se ha visto altamente beneficiado por esas iniciativas, algunas aún necesitan trabajo.

La ciencia ficción planteada por “2033” realmente no aporta nada nuevo en un plano internacional. La trama de un gobierno que controla al pueblo a través de suplementos alimenticios, drogas, sistemas políticos o fuerza armada se ha visto en tantas y tantas ocasiones desde películas como “Soylent Green” hasta libros como “Un mundo feliz”. De hecho, muchas veces es la base o punta de partida de cualquier obra del género, lo realmente importante es, de ahí, hacia dónde se lleva la historia.

En el caso de la cinta mexicana, tenemos el problema de que la historia se confunde mucho, se presentan unas cosas y luego se presentan otras que parecen más bien repeticiones de segmentos o ideas prestados de otras películas. La trama se pierde entre una supuesta revolución inconclusa y liderada por gente con cero carisma e ideales muy planos, un entramado familiar poco creíble que introduce la eterna y recurrente idea de “el elegido”, una subtrama romántica más de casualidades que de pasión y unos personajes demasiado simples, con actores que nunca encuentran el balance y siempre parecen sobreactuados o “subactuados”. De lo poco que se agradece en la elección del reparto es la presencia de la guapa Sandra Echeverría, que no sé si actúe bien o mal porque fue muy poco exigida.

A pesar de algunos efectos mal logrados sin duda por limitaciones presupuestales, el filme tiene algunos logros en materia de diseño de producción, aunque por varios segmentos en los que nos encontramos con el grupo subversivo nos olvidamos enteramente de estar en el futuro, por un largo rato. Talvez aprendiéndole un poco de mesura a Alfonso Cuarón aquello hubiera resultado mejor. Todavía mucho qué aprenderle a los americanos, empezando por la idea de revisar que un guión no pierda a su público tan rápidamente y tenga cosas qué ofrecerle durante toda la película.

5 de 10.

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237. La Corporación

The Corporation. 2003

Mark Achbar, Jennifer Abbott

Todos los problemas del mundo moderno en un solo documental


Hacer un documental redondo y completo es muy difícil, sobre todo mientras más grandes sean los temas a tratar. Un buen documental debería exponer de la manera más objetiva posible las problemáticas que sus autores hayan considerado importantes y de ahí presentar opiniones distintas y opuestas así como los datos duros relevantes que lleven hacia una conclusión, preferentemente positiva, de la situación planteada.

“The Corporation” intenta, ya desde su portada, linchar a un poderosísimo enemigo de muchas cabezas, quizás la verdadera bestia del Apocalipsis que llevará a que este planeta tenga un desenlace terrible. El documental de Mark Achbar y Jennifer Abbott tiene un propósito muy claro, y en 145 minutos se dedica a exponer el abanico de actitudes negativas que las corporaciones tienen para con los demás y su entorno, exponiéndolos, punto por punto y a manera de examen psicológico, como unos verdaderos sociopatas.

Empresas americanas colaborando en las operaciones de los Nazis, gigantescos complots en la industria de los alimentos para engañar a los consumidores que pueden estar adquiriendo productos dañinos a su salud, televisoras que descaradamente editan sus noticias, gobiernos latinoamericanos sometidos a un modelo de inversión extranjera diseñado como un método moderno de esclavitud, tremendos daños ecológicos provocados por una falta de conciencia por parte de las organizaciones, leyes y reformas que han equivocado el rumbo de una manera talvez incorregible… Todos estos y algunos temas más son tratados en este documental, presentados de una manera muy clara. Pero el que mucho abarca poco aprieta y los realizadores fallan en presentar entrevistas que aporten posibles salidas o soluciones al declive de nuestro mundo, que parece condenado a la autodestrucción, por lo que creo que este documental debería tener una secuela más propositiva.

Por cada documental como “The Corporation”, hay un comercial de Coca-Cola que nos hace volver a creer.

7 de 10.

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